Thursday, October 9, 2008

¡¡¡Marruecos!!!

Menos que una semana después de ir a Madrid, salí otra vez con mi programa para Marruecos. Salimos el viernes y tomamos un autobús hacia Gibraltar. Allá estuvimos de pie en el lugar más al sur de la Península Ibérica, y podíamos ver a África. Subimos la piedra de Gibraltar, donde hay muchos monos raros que saltaban en la gente y olían muy mal. Entramos en una cueva, se llamaba “St. Michael’s Cave,” que era muy profunda. ¡Tenía muchos estalagmitas y estalactitas que eran más grande que yo! Era una cueva tan grande que habían construido un escenario en que hay conciertos, bodas (a mí no me gustaría tener una boda en una cueva, ¡qué rara!), obras de teatro, y más. Después de estar en la piedra, nos fuimos a la ciudad de Gibraltar para cenarnos. A mí, la ciudad parecía muy interesante, porque es inglesa pero es en el sur de España, y por eso hay un gran mezcla de culturas muy diferentes. Todo la gente hablaban inglés y español con un acento fuerte de Andalucía, y había gran pubs ingleses al lado de barres de tapas muy españolas. Porque vivimos en España y podemos ir a un bar de tapas cuando queremos, decidimos comer en un púb. Comimos “fish and chips,” que estaban muy buenos, y conocimos mucha gente de Gibraltar que nos contaba mucho de la ciudad en un mezcla de las dos idiomas que hablaban. Pasábamos una noche muy divertido, pero nos acostamos temprano porque salimos muy temprano por la mañana para Marruecos.

Estaba muy emocionada, porque había esperando ir desde me di la cuenta de que mi programa viajaría allá. Estábamos en grupos de quince personas con un guía, quien nos conocimos en el barco hacia Tánger. Él se llamaba Darren, y había pasado dos años en el cuerpo de paz en Chad y dos más en Marruecos. La organización con que viajábamos se llamaba “Morocco Exchange” y se fijaba en ayudar a estudiantes obtener mejor vista de la cultura marroquí. Por eso, aunque fuimos a muchos monumentos y lugares famosos del país, la mayor parte del viaje era para comprender la cultura. Desembarcamos en Tánger, donde fuimos a un mercado grande que tenía mucha comida arreglada en montañas grandes. Era muy bonita a mirar, pero el olor de olivas y carne crudo produjo náuseas a alguna gente. Además, recorremos por un centro de educación para mujeres que se llamaba Darna. Allá, ayudaban a las mujeres aprender escribir, leer, tejer, coser, cocinar, y algunas otras cosas que son muy útiles para encontrar trabajo. Hoy en día, hay un gran crisis de trabajos allá, y mucho de la población es desempleado. Por eso, muchas mujeres, si no son casadas, no pueden encontrar trabajo y tienen que mendigar o poner los hijos por la calle. Nos almorzamos en el centro de “kuskus” y vegetales, hecho por las mujeres allá. ¡Estaba tan rico—una de las comidas mejores que he comido desde he estado viajando! Además, tuvimos la oportunidad para hablar con unos estudiantes de la situación social de mujeres en Marruecos. Era un discusión muy fuerte e interesante. Había dos chicas, estudiantes de inglés en la universidad, quien sostenían que la situación de mujeres era muy libre y que se pueden hacer las mismas cosas de los hombres en el país. El chico, otro estudiante, estaba de acuerdo que mujeres se podían tener las mismas posiciones, pero él argüía que todavía la mayoría creía que el trabajo más importante para una mujer era crecer los niños y hacer cosas de la casa. Había mucho debate, pero me interesaba mucho que había muchas opiniones diferentes de la gente. Es algo en que no pienso mucho, pero es verdad que en cada cultura no solo hay un punto de vista para todos, y estaba muy alegre de que esta discusión me recordara de eso. Ellos hablaban un poco, también, de cómo muchos marroquíes pensaban de los estados unidos. Yo era correcta en pensar que ellos no le gustaba nuestro gobierno ni un poco, pero me sorprendió a aprender que ellos distinguían claramente entre la gente y el gobierno, y no le guardaban rencor a nosotros como individuos. Se pasaba la misma con todos con quienes conocimos en Marruecos, todos eran muy simpáticos y nos daban la bienvenida.

Esto llegaba a ser muy claro cuando llegamos a Rabat aquella noche. Nos quedamos con familias marroquíes, y la familia mía era muy simpático. Dos amigas y yo estábamos con la misma familia, que consistía en un padre, con quien nos conocimos una vez por solo unos segundos, dos hijas, y tres hijos. La madre no hablaban ni un palabra de inglés o español salvo “eat!” y “good!” Sabía algunas frases en francés, y aún menos en árabe, y las otras chican no sabían nada, y por eso comunicar con ella era un mezcla muy cómico de palabras aleatorias y gestos de los manos. A pesar de eso, ella era muy gracioso y sentimos muy en casa aunque no podíamos entender nada. Además, era Ramadán, y por eso nos daban comida aunque ellos no podían comer. A estar allá durante Ramadán era muy interesante, porque según la gente con quien hablé, muchos aspectos de la cultura cambiaban dramáticamente durante ese periodo. Por que todos comían por la noche, todos eran afuera mucho más tarde. Los hombres estaban en la mezquita por mucho tiempo, casi nunca los veíamos en casa. También, habían muchos programas por la televisión de niños leyendo el Corán—¡alguien me dijo que era programa en que se puede votar por quien lo leyó mejor, como American Idol! La casa en que nos quedamos era muy lujosa. Casi cada pared tenía azulejos muy ornamentado y había sofas por todas partes cubierto con tejas muy suaves y bonitas. Tenía un baño del oeste, y por eso teníamos mucha suerte porque muchos otros estudiantes tenían los baños turcos, que más o menos son solo un hoyo en el piso en que, después de usarlo, hay que tirar un balde de agua para limpiarlo.

Al principio de nuestra día en Rabat, fuimos a unas ruinas del viejo ciudad romano. Había muchos jardines bonitos también, y un fuente de fertilidad, de que era dicho que si tirara un huevo para alimentar las anguilas, se haría embarazada en un año o menos. No sé si lo creo, pero no tiré ningún huevo, ¡en caso de que hubiera un poco de verdad en la leyenda! También fuimos a un mausoleo de dos reyes marroquíes que era muy impresionante. Todos los edificios eran cubiertos en azulejos de cada color y moldes de yeso. Después, fuimos a un mercando grande, donde nos reunimos con estudiantes marroquíes quien nos mostraban el mercado. Lo más emocionante era que mi amiga Trena, quien asista también a Hope, está estudiando en Marruecos, y ¡nos encontramos en el mercado! Paseábamos por el mercado y compré muchas cosas, porque todo era muy barato y bonita. Se podía regatear para obtener mejor precio, y me gustaba hacerlo mucho porque era como un reto. Del mercado, volvemos a nuestra casa, y supimos que un amigo de Trena de su programa vivía con nuestra familia, pero él había estado en otra ciudad la noche anterior. Él le invitó a Trena a comer el "desayuno" (cuando empezaban a comer después del día de ayuno) con nosotros en casa. Era lo mejor porque podía pasar más tiempo con ella y también Trena y Tommy, el otro chico, podían hablar francés con la familia para hacer conversación mejor. Después, las chicas fuimos a una “hamam”, un baño árabe, para ducharnos. Era una sala grande con faucets para llenar baldes de agua muy caliente y se usaba baldes más pequeñas para echar el agua en el cuerpo. Era parecido a una “sauna” por la gran cantidad de vapor que había. Todos estábamos en la misma sala y era un poco raro a bañarme con muchas mujeres con quien no conocía, pero era un buen experiencia cultural.

El día siguiente, nos levantamos temprano para viajar para Chef Chouen, una ciudad en las montañas. Paramos en un pueblo muy pequeño donde visitábamos al campo de una familia. Charlamos con la familia por modo de traductor sobre la vida de granjeros allí. Era muy diferente de la vida en la ciudad—había muchos tradiciones más antiguos. Las chicas casi nunca continuaban con la escuela desde la edad de doce, porque las escuelas segundarias estaban muy lejos. Todos empezaban a ayudar en los campos cuando tenía muy pocos años, y lo más de los hijos en la familia iban a ser granjeros también. Nos almorzamos allí con bocadillos que habíamos traído y ellos nos prepararon lo mejor couscous que he comido en todo mi vida. Estaba muy sabroso y con muchísimos vegetales frescas. Entonces, como si ya no estábamos satisfechos, nos sirvieron té verde de menta y flores de naranjo. ¡Que rica! Pienso que intentaba a decir a la madre casi cien veces con señales de los manos tanto me gustaba, porque no podía expresarlo bastante. Paseábamos por los campos y jugábamos con los niños, y era muy relajado y bonito y casi perfecto. Me parecía ser una vida perfecta, pero sé que de verdad sería muy difícil. Una cosa muy interesante que supimos por medio de Darren después de salir, era cómo la calle que pasaba del paseo mayor hasta el pueblo llegaba a ser construido. El padre de la familia que conocimos tenía marida y con ella tuvieron unos hijos. Hace sobre ocho años, estaba embarazada otra vez pero murió durante el parto de cosa que habría estado prevenible si hubiera tenido acceso a un hospital con más facilidad. La abuela se enfadó muchísimo de la muerte tan innecesario de su nuera y luchaba mucho para hacer que el gobierno construyera el camino. Ella lo sonsiguió y es el camino por la cual entramos al pueblo aquella mañana. Me interesaba mucho, especialmente porque quiero ser obstetricion para ayudar en países y lugares así donde no hay buen acceso a cuidado medical. Me apoya mucho a perseguir con mi pasión porque supe que ese es algo que le importa a gente de los lugares.

Depués de estar en el campo, cambiamos de ambiente hasta la ciudad turística de Chef Chouen. Era muy bonita—todos los edificios eran blancos con puertas y postigos azules. Fuimos a nuestra ultima cena de Marruecos y nos divertimos mucho. La mañana siguiente, subimos por la ciudad para verla de un punto más alto. Era tan bonita, me encantaba ver todos los edificios pequeños entre los montañas grandes.

¡Marruecos era una de las vacaciones mejores que he pasado en mi vida! Voy a dejar de hablar de ella ahora, porque ya hay dos paganas y si todavía estás leyendo, estoy asombrado y shukran! (gracias en árabe).

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